El astronauta

 

Despertar en una nave se había vuelto más natural que despertar en la Tierra. En un espacio infinito se sentía menos observado y así mas libre para dejar su mente fluir. Era creativo de pensamiento y en sus labores diarias escribía rimas y conclusiones a las que llegaba mientras navegaba. Cualquier influencia de cualquier otro ser humano estaba detenida por el gran espacio que los separaba y esto había inspirado una nueva línea de pensamiento.

“El espacio es simple, la Tierra es difícil. La Tierra es un lugar pequeño, donde redundan las mismas energías, causando los mismos resultados, en distintas partes. En la Tierra estás obligado a resumir con un posicionamiento metafísico específico y tus opciones no varían mas allá de la distancia que te limita. Naces en un lugar donde una circunstancia ya estaba establecida, y tu personalidad predestinada a los atributos que recojas del ambiente. No parece  justo en muchas ocasiones. Gente buena atenida a condiciones malas y este parece ser el reto. Establecer una persona en condiciones opuestas a su ser y hacerle llegar al otro lado. Este no siempre es el caso pues parece haber gente que nace exactamente donde sus capacidades le hubiesen permitido desenvolverse. Pero para los que sentimos que nacimos al otro lado del charco todo parece un reto.

Mi rutina diaria envuelve en su gran mayoría recordar tareas sencillas de sobrevivencia como comer y dormir, lo cual es más difícil de lo que parece. Aparento estar constantemente en estado de pensamiento profundo y puedo llegar a sorprendentes conclusiones, pero no logro recordar desayunar en la mañana. Mi azúcar baja mucho a causa de esto lo cual me mantiene también en estado leve de delirio. Esto es exacerbado por la falta de sueño y es como andar en una nube. De pequeño tenía mi propio mundo y nadie más parecía interesado en lo que yo percibía.  Pero de esto no guardo muchos recuerdos. Solo sé que me obsesiono por las ideas que vuelan por mi mente. Siempre he notado un patrón específico en el comportamiento humano. Claro, hay unos comportamientos que son vitales para la sobrevivencia pero otros parecen ilógicos. Los humanos siguen una “moda”. Por darle un nombre; esta moda es una serie de creencias preestablecidas ya sea en la cultura, la familia inmediata, y el estado de ánimo innato de cada ser. Esto influye en la mayoría de las decisiones que tomamos. Pero observando las decisiones tomadas diariamente por la mayoría de las personas, es difícil creer que los individuos están pensando críticamente y están más bien dejándose llevar. Casi como si hubiese un nivel de control sobre sus mentes.

Claro todos estamos atados a ciertas cosas y no somos críticos por completos pero no parece casualidad el enfoque común de cada ser. Me parece sospechoso como todos pueden pensar igual o parecido. A veces siento ser el único olvidado en un experimento mundial de control mental. Secretamente en mis misiones observo los satélites más poderosos y escaneo para detectar alguna honda siendo enviada a la Tierra. No he tenido suerte pero esta semana me encuentro en la misión más larga que he tenido en mi carrera y siguiendo mis cálculos he bajado las posibilidades de su localidad. Sé que soy observado por mis líderes y que planean despedirme tan pronto termine con esta misión, pues muchos de mis comentarios han sido regados por la compañía y temen cualquier escándalo, pero esto solo me hace pensar que no tengo nada que perder. No tengo razones para volver a la Tierra, el vacio es mi hogar.

El capitán Príncipe navegaba en autopiloto, lo cual le permitía pasar la mayoría de su tiempo escribiendo sus teorías y prosas. Su visión estaba floja últimamente y no había notado que llevaba un día entero sin comer, pues siempre lo olvidaba, lo cual lo nublaba más aún. Siempre sentía estar viendo ráfagas de luces y era imposible concentrarse. Era un hombre paranoico y aunque estaba solo en una nave en el medio de la nada sentía miedo de ser observado. Cada vez que se iba a dormir daba una ronda por la nave. Verificaba que todo almacenaje estuviese libre de intrusos, que todos los paneles de control estuvieren libres de instrucciones ajenas, o redes de control externas. Verificaba las neveras y escaneaba los sacos de comestibles para asegurarse de que estuvieran cerrados y en la misma posición donde los había dejado. Miraba su reflejo en todas las superficies del mármol negro de la nave para verificar que todas fueran las mismas. Esto sonaría absurdo, pero siempre había temido despertar en otro cuerpo o que su cuerpo fuera alterado de alguna forma mientras dormía. Así que también se auto inspeccionaba y a menudo juraba encontrar algo fuera de lugar y le daba trabajo realizar que todo estaba igual. Una vez había creído escuchar las carcajadas lejanas de un niño pequeño dentro de la misma nave y esto le obligó también a verificar hasta en los espacios más pequeños para asegurarse de que no hubiera ningún infante escondido.

Sus días eran un poco frustrantes. Se sentía esclavizado por esta rutina, la cual afectaba diariamente su trabajo. Justo antes de acostarse en el pequeño espacio que había en su nave personal tomaba medicamentos para dormir, pero desde que escuchó la voz del niño había decidido que era contraproducente y que con el tiempo sus síntomas habían empeorado. 

Despertó de buenos ánimos y se dirigió directamente al panel de control para verificar su posicionamiento. Estaba justo en donde había calculado, pero no había ningún satélite. En frustración lanzo a través de la nave sus anotaciones y se sentó a calcular nuevamente.

“Una vez más me encuentro obligado a comenzar desde cero. Mis pasados cálculos no resultaron en el satélite. Esto me frustra más de lo que puedo explicar. Este satélite no es solo explicación para el comportamiento humano pero también explicación a todo lo demás. Explicación a porque los humanos deciden herirse ellos mismos por razones triviales. Razón a porque lo bueno es rechazado y lo malo recompensado. Razón a porque existe una perspectiva común universal y porque todos estamos presos a ella. Explicación a porque alguien voluntariamente renunciaría a pensar. Yo mismo muchas veces caigo víctima del lavado de cerebro terrestre. Por ejemplo: en la preparatoria invité a salir a una chica que me dijo que prefería ir con otro compañero. Éste, aunque físicamente dotado, era notablemente incapaz de pensar por su cuenta, era influenciado fácilmente por opiniones ajenas, era débil de carácter, egocéntrico, y no mostraba ningún interés en desarrollar una conversación con ella.

Yo sabía a esta edad que tomaba mucho más que pectorales mantener una relación a largo plazo, y que mi habilidad con las finanzas y entendimiento de la psicología humana me hacia el mejor candidato, pero nadie más parecía pensarlo así. Y aunque sabía que probablemente me esperaba alguien mejor, con las mismas prioridades que yo, no parecía llegar y mi autoestima comenzaba a afectarse. Aunque sabía que no era lo importante, me esmeraba para ser como los que recibían lo que yo quería, pues comenzó a pensar que quizás, aunque me pareciera lógico a mí esto no era lo que la vida requería para sobrevivir. Si yo mismo me vi presionado a actuar como un idiota en un gimnasio puedo entender como muchos pueden verse manipulados a actuar erráticamente para encajar con el resto. Tomemos a mi enemigo de preparatoria, quizás el siente que es tonto y quisiera aprender más pero se siente obligado a permanecer ignorante, por miedo a perder estatus con las mujeres.

Pero esto no es lógico cada quien debería saber que a largo plazo la disciplina y el conocimiento tienen mejores cosechas. Por lo tanto vuelvo a caer en mi teoría. Mi madre era una mujer muy trabajadora y era muy hábil en la costura, pero esta nunca hizo dinero por miedo a ser percibida como alguien avaro que no le brindaba ropa gratis a los conocidos que la solicitaban. Si mi madre no estuviera programada a seguir un filtro social, probablemente hubiésemos estado mejor económicamente y no hubiese tenido que compartir mi habitación con mi hermano mayor y su predisposición a la violencia. ¿Pero por qué está tan engranado en nuestro ser este miedo a la opinión ajena y a la percepción de gente extraña? ¿Por qué la Tierra nos limita de esta forma? ¿Por qué seguimos la mayoría aunque está equivocada?

Sé que la gente está controlada, pues nadie nace innatamente malo, por eso debo encontrar este satélite antes de mi despido”.

Miró alrededor de su nave de mármol negra para descansar la vista y se perdió un momento jugando con las ráfagas de luz que generaban sus ojos. Notó cómo podía hacer que se movieran y cambiaran de forma. Si se concentraba podía tornar estas luces en imágenes específicas. Imaginó un patrón de frutas en el mármol negro y tuvo un momento nostálgico en el cual recordó unas cortinas con este mismo patrón fluyendo con la brisa que entraba por la ventana donde colgaban. Antes de hacer sentido de esto se distrajo como si evadiera lo que esto representara.

“Los humanos huimos de lo que nos aterra. Esto tiene sentido. Quizás es menos aterrados hacer lo que hace el de al lado antes de arriesgarte a fracasar con lo que se te pueda ocurrir hacer a ti. Pero huir de lo que en realidad nos aterra es imposible. Todos nuestros miedos e inseguridades fueron adquiridos durante la niñez cuando éramos vulnerables a las amenazas. En los miedos comunes muchas veces están escondidos otros miedos los cuales son más difíciles de identificar. Por ejemplo mucha gente teme a la oscuridad pero esto es un miedo irracional si se piensa a profundidad. El no ver las cosas no las hace automáticamente más peligrosas, pero el no poder usar nuestro sentido de visión nos deja muy vulnerables y es más el temor a lo desconocido. El no saber es más aterrador que cualquier monstruo que pueda surgir en la oscuridad. El no saber si hay insectos caminando cerca de ti mientras duermes, no saber si pueda haber algún extraño caminando por las afueras de tu casa y observando lo que haces, esto tiene una reacción irracional en nuestras mentes y aunque nos digamos mil veces al espejo que nuestros ornamentos de porcelana no volverán a la vida es difícil no sentir un pequeño escalofrió al apagar la luz y privarte de tus sentidos. Un miedo la mayoría del tiempo oculta a otro y es llegar a esta raíz el verdadero reto.

¿Qué me asusta a mí? Podría decirte que la gente, pudiese decir que no tener control sobre lo que me ocurre, pudiese decir que temo a la pobreza, pudiese decir que temo no encontrar este satélite y quedarme sin explicaciones para mis dudas, pero no pudiese decirte que ocultan estos, y a que verdaderamente le temo”.

El capitán Príncipe se encontraba mareado, había despertado e ido directo a sus notas y no se molestó en abrir un empaque de comida. Este tampoco verificó un reloj para percatarse que solo había dormido diez minutos y que aún no había culminado el día lo cual significaba que no había recorrido la distancia que pensaba. Observó los paneles de control de cristal y una vez más inspeccionó cada esquina de su nave pues juraba haber escuchado risas nuevamente. La nave esta vez le pareció extraña, no parecía la misma nave la que juraba haber conducido todo este tiempo. La nave parecía tener defectos que insinuaban mano de obra inexperta y esto le alarmo. Buscó dentro de los archivos el manual de la nave y no aparecía. La nave tenía un toque infantil parecía algo que divertiría mucho a un niño risueño en un parque de diversiones.

Su visión había fallado antes así que decidió contar hasta diez y pensar en alguna razón lógica por la cual todo parecía plástico y ficticio. Comenzó a sentirse observado, comenzó a pensar que quizás alguien había intervenido con sus comidas empacadas. Se deslizó de rodillas por el espacio 5x8 de la nave y abrió la nevera. No había tocado ni uno de los 25 paquetes que había empacado antes de salir. Pensó que quizás habían sido reemplazados por este extraño que lo torturaba así que agarro uno de ellos y lo hizo pedazos. Estaba vacío. No parecía ni estar hecho de materiales espaciales, solo  plástico. Gritó maldiciones y confirmó que había alguien en su nave alterando sus pertenencias. ¿Pero dónde? La nave era diminuta y siempre verificaba cada esquina.  

Pensó que entonces quizás la persona había encontrado la forma de entrar y salir de la nave mientras  él dormía. Pero no recordaba haberse ido a dormir ni desde cuando así que pensó tantear la fecha con la última vez que se halla medicado. Se arrastró hacia el compartimiento donde guardaba sus pertenencias más personales. En esta caja se encontraban unos dibujos que no reconocía de unas naves muy inciertas, creyones, una foto de una casa que no recordaba, y su pote de pastillas para dormir. Lo abrió en sus manos y no podía creer lo que veía. Eran bombones lo que supuestamente había estado tomando.

Se sentó en el suelo y trató de retomar compostura. Obviamente su mente le jugaba una cruel burla, pues esto parecía estar diseñado por un infante. Miró los creyones dentro de la caja y sabia que todo debía ser un sueño. Miró los dibujos de nave, lo incoherentes y científicamente inexactos que eran y supo que tenía que haber un niño escondido en la nave. Pero esto era imposible. Se golpeó varias veces en la cabeza y trato de hacer lógica. Nada de lo que veía era lógico. Se desquicio y comenzó a gritarle al pequeño bastardo que saliera y le enfrentara. Para vencer toda posibilidad de sentido vio como lentamente desde las sombras se rebeló la figura indefensa de un niño de unos 6 años. Sintió su palpitación subir y sus manos sudar al enfocar su vista en los ojos familiares del niño.

“¿Qué haces aquí?”, le pregunto Príncipe y la voz le temblaba.

Me llamaste”, contestó tranquilamente el niño que lo miraba fijo y que no se veía amenazado ni sorprendido en lo absoluto por lo que ocurría.

“Estás interrumpiendo una misión espacial del gobierno federal y es un delito lo que haces. ¿Cómo llegaste aquí?”

Soltó el niño una carcajada, la cual recordó sin duda el Capitán Príncipe como la que había estado escuchando recientemente. El niño dijo, seco, “Andas buscando soluciones. Y estás así de llegar a alguna parte”.

“¿Hablas del satélite? ¿Estoy por encontrarlo?”

“No sé como sigues atado a eso, ¿no estás grande ya?

Estaba confundido. Un niño se burlaba de sus teorías. Pero este no era cualquier niño, este niño había logrado ganarle en astucia. Se había escabullido dentro de su nave y había alterado las circunstancias. Tenía que obtener respuestas, pero cada vez dudaba más su lucidez.

“No me sorprende, los humanos crean lo que deciden creer. Allá en la Tierra la gente logra creerse un mar de imposibilidades con tal de no mirar lo que obviamente ocurre.

“¿Qué sabes de lo que verdaderamente ocurre en la Tierra? ¿Acaso eres de otro planeta? Demuestras un conocimiento extenso de la realidad”.

“Sé lo que te ocurrió a ti. Eso es lo único que la gente sabe, lo que les ocurre a ellos. No hay una verdad absoluta, sólo un enfoque personal. Seguimos lo que decidimos seguir”.

“¡Así que sí eres de otro planeta! ¿Posees algún tipo de telequinesis o control mental? ¿Cómo es que te veo ahora y antes no te veía?”, preguntó Príncipe, cada vez más intrigado.

“Porque decidiste verme, y antes me evadías”, dijo el niño.

“¡Habla con lógica niño! ¿Cómo es que te veo? Estamos en el medio del espacio, ¿cómo es que llegaste aquí y logras salir y entrar a tu gusto?”

“No es a mi gusto es al tuyo”, dijo con sorna el niño.

Ya perdía la paciencia con el tono existencialista del niño y quería respuestas claras. “Sí, porque yo te construí a ti ¿verdad? Sí, ahora recuerdo eres uno de mis experimentos ebrios. Cada luna me emborracho y hago un niño de probeta para tener con quién discutir”

El niño sonrió y por una fracción de segundo ambos rieron del mismo chiste. Luego la atmósfera volvió a ser una de amenaza y ambos parecieron temer uno del otro. Miró detrás del niño a la pared de mármol más cercana y vio los mismos ojos de él en su propia cara.

“Yo soy tú… ¿cierto? ¿O tú eres yo? ¿Cómo es que navegué en el tiempo? ¿Cómo es que esto no es paradójico? ¿Es esto un mundo paralelo?”

“Siempre has tenido una tendencia a sobre complicar todo” el niño comenzaba a verse triste, decepcionado.

“Sólo trato de entender cómo es posible que esté hablando con mi yo del pasado. No creo que haya respuestas simples para esto”.

“¿Qué tal tu temor al pasado? ¿Qué tal el hecho de que me has reprimido dentro de ti por 45 años, eso no cuenta? ¿Por qué tiene que ser algo científico? ¡¿Qué no ves que esto no tiene nada que ver con la humanidad, tiene que ver contigo?!”

Su mente daba vueltas y se sentía cada vez más mareado. Nada tenía sentido, pero ya estaba tan adentro de este viaje que sólo le quedaba terminarlo.

“¿A qué te refieres? Yo soy el Capitán Antonio Príncipe, me encuentro en una misión espacial que tiene como meta encontrar el satélite que emite las hondas de control a la Tierra”.

“¿Pero no te avergüenza lo irracional que eso suena? Eres un hombre de 45 años. Es hora de aceptar las cosas. Aceptar que no conseguiste ser quien querías, que trataste tanto que llegaste a la demencia, que te tomó casi morir para aceptar la verdad, y que ya es necesario seguir con algo más productivo”.

“Gran cinismo para alguien que dice no ser un extraterrestre de mayor inteligencia”.

El niño pareció perder el control y levantó la caja de pertenencias con los dibujos y se los lanzó hacia el pecho. “¿Así me veías a mí? ¿Como un extraterrestre? ¿Por eso me destruiste? ¿Por eso me negaste? ¡Escogiste complacer los gustos ajenos y me olvidaste a mí!”

Acababa de recibir el golpe en el pecho y estaba atónito por la rabieta del niño. Tenía tanto sentido pero ninguno a la vez. ¿A qué se refería con lo que decía? ¿Sería esto parte de lo que no le dejaba ser normal? ¿Acaso esto sucedía porque no dormía bien y se sentía en las nubes? Se había dedicado en cambiar quien innatamente era a tal punto que había olvidado por completo lo que en realidad le atemorizaba.

“¿Te avergonzabas de mí? Tratabas de ser como ellos. ¿Pero que era tan malo de mí? No era el mas lindo ni el mejor conectado, pero tenía buen corazón, era astuto para mi edad, ¿por qué me humillaste?

“Te equivocas. No fui yo quien te humille, fueron tus compañeros, tu hermano mayor, y hasta tu mismo padre”.

Yo no controlo lo que ellos hagan pero tú hiciste lo mismo. Tú me humillaste a mí, escuchabas lo que decían y me lo repetías como si fuera cierto. ¿Acaso crees todo lo que escuchas?

“No eso es lo que trato de eliminar. La gente sólo repite lo que observa. Ellos te trataban así porque no tenían ese entendimiento”.

“¿Y cuál es tu excusa? Al menos puedes decir que ellos no sabían, pero tú sí sabías que era incorrecto. Porque sí me hacías daño… nos hacías daño”.

No pudo evitar gaguear. El niño había usado su propia teoría en su contra. Y no podía responder sin incriminarse. “Actué negligentemente creo, a veces no toma sólo saber algo pero vale más ponerlo en práctica. Aunque ahora esto no importe… obviamente he muerto sin darme cuenta”.

El niño volvió a molestarse. Comenzó a alzar la voz y con cada palabra parecía más amenazante.

“Estoy harto de tus inventos. Tú nunca llegarás por tu cuenta, así que tendré que descomponerte a la brava. Tú vives en las nubes porque temes afrontar tus fracasos. Pasas horas hundido en formas de culpar a la sociedad por enlaces neurológicos que no has logrado romper. Nunca has podido superar que tu padre fuera como fue”.

“Mi padre fue un gran hombre y me dio todo”.

“Tu padre hizo lo que pudo pero el tenía su propia carga. No caigas víctima de tus pensamientos por proteger la imagen glorificada que creaste en tu mente. Todos los padres comenten errores y es nuestro deber biológico identificar estos errores y mejorarlos para no pasarlos a la nueva generación. Esta labor es interrumpida cuando alguien como tú prefiere fingir que su crianza fue perfecta y no cambiar nada de sí mismo para bien de la especie. Ni tu padre ni tu hermano apoyaron a quien eras y esto hizo que nunca lograras validarte por tu cuenta y que necesitaras enfocarte en necedades para ignorar lo que te afecta.

Lo que decía tenía sentido pero sonaba demasiado infantil. No ser criado de una manera ideal no tenía la capacidad de causarle una desilusión de esta magnitud. Por esa razón preguntó, “¿Y cómo eso me trae al espacio a discutir conmigo mismo?”

“De esta misma forma. No queriendo ver lo que tienes de frente te tiene viendo cosas que no son. La mente puede lograr ver lo que tú le hagas creer. ¿Y quién es mejor en inventar que tú? Quién es mejor en engañar a su propia mente? Nada más mira lo que has logrado… lograste pensar que estás en el espacio”

“¡Ya detente mocoso! Me he cansado de tus altanerías. ¡Abandona mi nave! ¡Abandona mi nave de inmediato!”, gritó Príncipe.

“No… me rehúso a volver al lugar donde me tenías. En el vacío donde nada ocurre, cualquiera pierde la mente Príncipe… cualquiera”.

El niño comenzó a moverse lentamente hacia la izquierda y se dirigió disimuladamente hacia el control de paneles. Para cuando notó a donde se dirigía y trató de prevenirlo ya era muy tarde. El niño lanzo ambos puños con todas sus fuerzas al control de paneles y destruyó su estructura de cristal. Con las manos sangrientas y llenas de vidrios hizo sonar sus dedos y así mismo tornó la superficie de mármol de la nave en un proyector de sus peores pesadillas. Vio en las paredes cómo un hombre lanzaba un puño sobre el canvas de un niño y luego se lo arremetió en la espalda. Vio cómo el mismo niño era encerrado en un armario. Vio cómo un grupo de otros niños cantaban al unísono sobre él mientras destrozaban su libro favorito. Vio cómo se encerraba, se golpeaba y cortaba el mismo; cómo se miraba al espejo y se llamaba feo constantemente, cómo se castigaba él mismo todo el tiempo. Las imágenes comenzaron a afectarlo físicamente, comenzó a híper ventilar y poco a poco su ansiedad lo llevó al vómito. Vomitó hasta que sintió que no le quedaba nada dentro. Sin darse cuenta en este buche había botado lo último que le quedaba de anti-sicótico en el cuerpo y sintió como su columna vertebral se tensaba por completo, y sus manos temblaban violentamente.

Le gritó al niño que se detuviera pero éste solo volvía a hacer sonar los dedos y cambiaba la imagen proyectada en el mármol. Esta vez los hizo sonar y la superficie se volvió un piso de losas antiguas, y por alguna razón esta imagen revolcó aún más su estomago. Sonó los dedos y las paredes eran pailas de canvas rotos tirados por un piso lleno de latas. Esto le causó más nauseas y comenzó a resentir al niño por causarle estas reacciones sin importar lo que obviamente le hacía.

“¡Detente ya! Esto es inútil, no entiendo que logras”

Escuchó casi en cámara lenta el sonido en eco de sus dedos y vio como el mármol cambió. Entonces vio unas cortinas con un patrón de frutas fluyendo al ritmo de una brisa imaginaria. Esta imagen le molestó más que todas y antes de decidir cómo reaccionar, se había lanzado sobre el niño e intentaba restringirlo. El niño era igual o más fuerte que él, pero con cada golpe que recibía parecía más decepcionado hasta que lentamente lo sintió dejar de forcejear.

“Yo no puedo mas Príncipe, mi tiempo se acabó. Tienes que averiguar esto tú: cómo aprender a aceptar tu realidad… Mi tiempo acabó, pero tú aún vives”.

Las palabras lo conmovieron y no sintió más ganas de golpearlo. Dejó caer sus manitas sangrientas y observo cómo se le aguaron los ojos.

“No llores niño, has hecho lo mejor que pudiste con las herramientas que tenías, no deberías irte decepcionado”.

“Tienes razón…”, dijo desenrrollando una sonrisa mientras sacaba algo de su bolsillo.

“Uno no logra exactamente lo que quiere, pero nuestro propósito es metafísico y su importancia es relativa. Existimos para mantener la existencia, y como las células del cuerpo, aunque no todas son del corazón, no quita que sean importantes. Estoy seguro de que para alguien significas el mundo y aunque no parezca mucho ese es tu propósito y es un propósito especial. Tú tienes una gran mente y aunque quizás tu influencia no es directa, llega a muchas partes del universo con sólo existir. Todos estamos conectados. Tú vas a crecer y verás que nada es tan tenebroso como parece, y todo pasa y se olvida”.

Al niño se le salían las lágrimas de felicidad y tenía una expresión más realizada. Ya yo crecí y no me fue mal, sólo me falta darme cuenta de lo bien que me fue para saberlo apreciar”. Levantó la manita sangrienta que tenía en el bolsillo y como por arte de magia sacó un fosforo encendido. Antes de que el capitán pudiera reaccionar lo dejó caer sobre sí mismo y en una fracción de segundo se encontraba en llamas de cuerpo completo.

El Capitán no sabía cómo reaccionar. Todo lo que había ocurrido lo había dejado aturdido y mientras veía al niño quemarse debajo de su cuerpo supo que cualquier reacción cambiaría lo que ocurría, cualquiera… incluso brincar hacia la ventana de la nave y salir volando con todo y niño hacia el vacío.

Sintió el vidrio del parabrisas incrustarse en su piel. Tenía los ojos cerrados, pero por alguna razón vio cómo el niño se quemó por completo en sus manos hasta que sólo cenizas caían por el infinito sobre las estrellas. Pareció una eternidad pero al fin cayó sobre una superficie. Sintió con las manos a su alrededor sin abrir los ojos. Parecía ser losa. Abrió los ojos y se encontraba sobre un piso que había sido pintado exquisitamente para simular el cielo estrellado de la noche. Vio cómo el detalle era multifacético y daba una impresión de gran profundidad. Siguió con la vista hacia lo largo y descubrió que era difícil saber dónde acababa el piso y dónde comenzaba la pared, pues había un efecto semi ovalado en el detalle de la pintura.

Tuvo que sentir con los dedos alrededor de lo que parecía una pequeña habitación esférica hasta que encontró una grieta que delato una puerta. Cerró nuevamente los ojos antes de abrirla y antes de darse tiempo a temer, la empujó con fuerza. Frente a sí se econtró un gran reguero de canvas rotos por todo el piso, que dejaban notar unas grandes obras artísticas de alto detalle y gran destreza. En las paredes había filas y filas de latas una sobre la otra, que alcanzaban el techo. Estaba dentro de un apartamento pequeño que aparentaba llevar abandonado varias semanas. Ya casi inmune a la falta de sentido no se molestó ni en cuestionar qué hacía allí, se movió rápidamente hacia la pequeña cocina y buscó por la mesa. Vio en ella un mar de facturas de alquiler y electricidad a nombre de una tal “Iris Velo”. El nombre le resultaba familiar pero no identificaba todavía a quién pertenecía. Rebuscó más aun y abrió un sobre que contenía al menos unos $500, pero que no tenía dedicación. Alguien le enviaba dinero y se encargaba de las facturas de ese apartamento… ¿Pero quién? Sería alguno de sus líderes astronautas velando por su casa mientras él estaba en su misión. Había una dirección en la carta pero no recordaba haber estado ahí.

El sonido de un relámpago le sacó de su limbo y llamó su atención a la única ventana del apartamento. Vio que caía un diluvio y el sonido del trueno le molestaban como un chillido en el oído. No había tenido que pensar en ruidos de la calle en tanto tiempo que el sólo pensar en ir a la calle lo hacía sentir enfermo. Sin embargo, necesitaba respuestas. Así que ignoró que aún tenía puesto el traje espacial y se lanzó a la carretera en busca de la dirección que tenía en la carta.

Salió del apartamento y vio frente a él un ascensor. Supo que estaba en un edificio. Decidiría qué hacer en el vestíbulo.

En el vestíbulo había varias personas, todos le miraron atónitos y él no pudo evitar sentirse perseguido. Miraban su traje, por supuesto. Salió corriendo del vestíbulo.

Descubrió que vivía frente a una luz, donde el ruido insoportable de chillidos de gomas, bocinas y sirenas, parecía ser constante. La idea de perderse en el espacio se le antojaba menos tenebrosa que vivir en este lugar tan confuso. No sabía a dónde se dirigía luego y la luz solar lo encegeceia. Mirando hacia abajo para evitar el reflejo del sol, caminó hasta cruzar la calle sin saber cómo no fue atropellado. Temía preguntarle a alguien por direcciones, pero se acercó a una señora mayor y le preguntó que cómo llegaba a la dirección que había en la carta. La señora le dijo que no sabía dónde quedaba el lugar, pero le indicó que la estación de trenes estaba a más de una cuadra de distancia y que allí mismo podría tomar un taxi. Sin mirarla a los ojos ni decir gracias siguió caminando, siguiendo la señal que había hecho con el dedo la señora.

Luego de 15 minutos debajo del sol tuvo que tomar unos minutos para componerse. Estaba deshidratado y veía borroso. Jadeó hasta la estación de tren y le volvió a mostrar la carta al primer oficial uniformado que vio. Éste, preocupado, le preguntó si quería que llamara una ambulancia, pero Príncipe le dijo que sólo necesitaba llegar a ese lugar y que ahí alguien cuidaría de él. El oficial lo acompañó hasta el taxi y le ayudó a organizar su dinero, mientras le pidió al conductor que le indicara cuánto sería la tarifa para pagarle exactamente desde aquel momento. Príncipe se sintió conmovido por la ayuda del extraño y cuando recibió el cambio, sacó varios billetes sin mirar y se los ofreció como recompensa. El oficial le agradeció y le pidió que se cuidara. Esta petición retumbó en su mente, pues no sabía para nada cómo cuidarse ni a qué se enfrentaría. Sólo sabía que deliraba.

El taxista no le dirigió la palabra, pero le miraba con burla, fijándose en su traje. Príncipe se sentía amenazado, y se dijo a sí mismo que la simple burla de una persona no debía afectarle. Pensó en cómo aceptarse a uno mismo tiene un gran enlace con aceptar a los demás. Y que el odio hacia el prójimo sólo exacerba el odio a uno mismo y a la negación de que todos somos iguales y exactamente diferentes. Mientras reflexionaba de este modo, el viaje pareció ser eterno. Cuando finalmente sintió el auto detenerse, Príncipe observó cómo el taxista lo miraba y decidió responder a su acto con el acto opuesto. Por ello le entregó $5 sobre la tarifa y le agradeció por su ayuda. El taxista tomó el billete y se mofó de cómo ayudarlo a él había sido el placer de su vida antes de cerrar la puerta y chillar las gomas.

Príncipe observó a su alrededor. Parecía haber cambiado de galaxia. Ya no estaba rodeado de edificios y carros, sino de muchísimas plantas silvestres. Había varias casas humildes en fila a lo largo de una cuadra y luego todo parecía ser un monte interminable. No se escuchaba ni la brisa. Esto le recordaba a la sensación que tenía en el espacio; el sentimiento de que estaba solo por millas y millas. El silencio le tranquilizaba y su despiste iba acorde con el ambiente. Todo parecía estar perdido en el tiempo. Miró la carta nuevamente y buscó el número de casa. El taxi le había dejado justo en frente. La casa no tenía verja y caminó hasta la entrada sin darse tiempo para dudar. Tocó la puerta de prisa y esperó.

Unos ojos espantados abrieron la puerta a medias. Por la grieta de la puerta pudo ver y reconocer un piso de mármol negro que sin lugar a dudas había visto antes, y supo con certidumbre que en esta era la casa de su infancia. Aquí estaba su padre, su hermano, y la mujer que lo miraba espantada era su madre, Iris Velo.

“¡Mamá!”, gritó con emoción, mientras levantó a su madre en un abrazo.

Ésta, aún sin reaccionar, le devolvió el abrazo tímidamente y cuando la puso en el piso inentó preguntar con naturalidad, “ ¿Cómo estás, Antonio?”

“Mejor que nunca mamá, no sabes lo que he pasado. Te lo cuento todo. Déjame buscar a Ricky”. contestó y se fue como loco a buscar a su hermano.

Su madre le siguió y le pidió que bajara la voz. De una de las puertas emergió otra señora a la cual reconoció instantáneamente como su tía. “¡Titi Sonia, qué bueno verte!”, dijo.

La tía no contestó, sino que miró fijamente a su hermana como si estuviera esperando respuestas. Iris evadió su mirada.

“¡Ricky!” Abrió la puerta del cuarto que compartía con su hermano y vio que había solo una cama en una habitación convertida en un habitat de gatos. Se sintió conmovido.

Había llegado a la conclusión de que aunque había tratado de borrar, aún tenía tiempo de arreglar las cosas con su familia. Hubiese querido hablar con su hermano y quizás volver a tratar de vivir con él, esta vez como hermanos y no como enemigos.

“Tu hermano se casó hace tiempo y ya no vive aquí”, dijo Iris.

Tenía una nueva percepción positiva y se reusaba a dejarla caer por no recibir exactamente lo que quería. “Menos mal, así tengo el cuarto para mí solo”, bromeó Príncipe. Entonces gritó de inmediato, “¡El viejo!”.

Su madre parecía desesperarse mientras Príncipe caminaba decisivo hasta el cuarto de su padre, quien había decidido dormir sólo desde hacía muchos años. Iris le pedía que se detuviera un momento porque necesitaba decirle algo con calma, pero Príncipe estaba muy emocionado para detenerse.

“No te preocupes Mamá, sé que el viejo y yo hemos tenido nuestras diferencias pero ya yo estoy grande y no busco discutir. Sólo quiero tener mi familia justo cómo siempre la he querido”.

Abrió la puerta. La habitación de su padre había sido convertida en una oficina y era obvio que no ni había sido decorada ni usada por él. Una cruel idea llegó de inmediato, y aunque ya lo sabía tuvo que escuchar las palabras, “Tu padre murió hace tiempo”, para confirmar que el nuevo comienzo que añoraba era imposible. El tiempo había pasado y aunque era el mismo lugar la situación había cambiado. Príncipe estaba en otra galaxia.

Se lanzó al suelo y su madre voló a su lado y acarició su espalda mientras Príncipe lloraba. “¿Pero ahora qué hago Mamá? No puedo, no puedo cambiar nada. No tengo control, todo está fuera de mi control”.

“No se puede echar el tiempo hacia atrás Antonio, pero puedes intentar otras cosas”.

“No. Yo no puedo más, me he vuelto loco. No puedo ni alimentarme. No puedo ser buen astronauta si huyo de la verdad y puedo ver mi propia mentira”. Se fue calmando poco a poco mientras su madre le abrazaba y su tía le miraba asustada desde la puerta.

“No entiendo nada. ¿No importa si no entiendo nada?”, gimió angustiado.

“No, no hay diferencia”, contestó, finalmente, Iris.  


Lista de imágenes:

1. Tetsuya Ishida, "The Ship".
2. Tetsuya Ishida, "Saving the World with a Brushstroke".
3. Tetsuya Ishida, "The Suitcase".
4. Tetsuya Ishida, "Earthquake".
5. Tetsuya Ishida, Sin Título.
6. Tetsuya Ishida, Sin Título.
7. Tetsuya Ishida, "Searching".
8. Tetsuya Ishida, "Schoolboys".
9. Tetsuya Ishida, "War Machine".
10. Tetsuya Ishida, Sin Título.
11. Tetsuya Ishida, "Pills".
12. Tetsuya Ishida, "Lost Child".
13. Tetsuya Ishida, Sín Título.
14. Tetsuya Ishida, "Rehabilitation".
15. Tetsuya Ishida, Sín Título.
16. Tetsuya Ishida, "Drowned Family".


 

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.

Subir

+ Leídas

Versión Impresa

  • Cruce Printed Cover V1 2011cruce v.1 año 2011
  • Cruce Printed Cover V2 2013cruce v.2 año 2013
  • Cruce Printed Cover V3 2015cruce v.3 año 2015
UMET

Cruce en tu inbox