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POLÍTICA Y SOCIEDAD

La gordura como desviación: "The Biggest Loser" y el discurso neoliberal de la obesidad
RAÚL J. FELICIANO ORTIZ
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The Biggest Loser (“Perder para ganar” en español) es un programa en el que personas que sufren de obesidad mórbida compiten para ver quién puede perder más peso y así ganar el gran premio de 250,000 dólares. Estas personas se quedan en un rancho en California durante tres meses, alejad@s de su trabajo, familias y otras distracciones cotidianas, y se dedican exclusivamente a hacer ejercicios con sus entrenadores/as personales. En el rancho tienen acceso a nutricionistas, médic@s y a los recursos más modernos y caros posibles.

La misión explícita de TBL parece tener buenas intenciones: motivar a la gente a salir de sus problemas de peso[1] y tomar control de sus vidas. El problema, sin embargo, es que lo hace reproduciendo una ideología que desacredita los impedimentos estructurales que contribuyen a la obesidad y responsabiliza completa y únicamente a la agencia individual de cada persona. Es decir, reproduce la visión ideológica neoliberal de que las dificultades que nos aquejan se pueden solucionar mágicamente con resolución y positivismo.

Esta ha sido la filosofía del programa desde sus comienzos. De hecho, esta es la filosofía de muchos de los reality shows competitivos que se producen en Estados Unidos. Sin embargo, en la temporada número 13 de TBL, los productores han llevado esta filosofía a nuevos niveles. Esta temporada se llama “The Biggest Loser: No excuses” y el tema principal es que para perder peso hay que dejarse de “excusas”; en otras palabras, para parafrasear a Dolvett Quince, uno de los entrenadores del programa, la obesidad es mental.

El primer episodio de este año comienza con una narración de la anfitriona Alison Sweeney: “They come armed with desire, determination, and every excuse in the book. This season the excuses end.” En medio de esa narración presentan un montaje de cada uno de l@s concursantes dando sus “excusas” para no perder peso. La introducción continúa y la voz de Alison nos recuerda varias veces más que est@s participantes son los únicos culpables de su obesidad: “Who will shed the pounds and the excuses that have plagued them for years?”, “Tonight, 20 people will have to decide: make excuses or make a change?”, “...a bond, that pulls all of you together: you all have excuses for the condition in which you find yourself tonight.”

El problema de textos como TBL, que se adhieren a una filosofía neoliberal es que ignoran mayormente (o desacreditan) los factores sistémicos que contribuyen a las condiciones que nos aquejan. El lenguaje que se utiliza en estas expresiones deja claro que las personas encargadas de este programa ven estos obstáculos con desprecio. Los echan a un lado porque creen que la responsabilidad única recae sobre la persona obesa. Dicen Silk y Francombe (2009):

Responsibility then for obesity is firmly placed at the level of the individual; contestants are held accountable (too lazy, lacking willpower) for being obese and constantly reminded of this throughout the programme. Herein lies the winning neo-liberal formula for the biggest losers. Obese bodies represent the failure of will in a culture in which self direction and choice are paramount... (p. 7)

En esta temporada eso se ve rápidamente en el primer episodio cuando Alison les pide a los concursantes que le digan sus “excusas”.  Este vehículo narrativo le permite al show comenzar el proceso de desacreditación de escollos legítimos como la falta de tiempo, la falta de educación o el nivel socioeconómico. Cada uno de los episodios próximos gira alrededor de la destrucción de una de esas “excusas”.

El problema con este acercamiento es que el programa se contradice a sí mismo. Por una parte se les resta credibilidad a asuntos fidedignos como la falta de tiempo para personas que trabajan, tienen familias e hij@s múltiples, pero por otra el formato mismo del programa deja claro que esto es una dificultad verdadera. Como mencioné al principio, el asunto de este show es que estas personas pasan tres meses completamente aislad@s de todas las distracciones diarias: no van a sus trabajos, no ven a sus familias y no tienen responsabilidades extras. Su única función es hacer ejercicio y alimentarse correctamente. De hecho, l@s mism@s entrenadores/as tratan de evitar que miembros de sus equipos se eliminen porque están conscientes (y así lo manifiestan) de que much@s de est@s concursantes van a regresar a una vida llena de obstáculos que no existen en el rancho. Queda claro entonces que esto es un estilo de vida irreal para la inmensa mayoría de las personas. En la vida diaria, la gente tiene trabajos de jornada completa, tiene hij@s, tiene problemas y tiene distracciones. Los problemas no se pueden resolver, simplemente, con irse a un resort en el que se lo hagan todo y uno solamente se encarga de hacer ejercicio e ingerir comida saludable. 

Por otra parte, otra de las “excusas” es que las personas no saben cómo empezar a perder peso. Nuevamente, el mismo formato del programa deja claro que esto tampoco es una “excusa”, sino un asunto genuino. Parte de lo que ocurre en el rancho es que l@s participantes aprenden a contar calorías, a determinar qué alimentos son más saludables, cuáles son los regímenes de ejercicio más eficaces, etcétera. Esto es una educación a la que no todo el mundo tiene acceso. Si bien es cierto que mucha de esta información se encuentra en el internet, es igualmente cierto que el internet continúa siendo una fuente de información privilegiada (sólo el 30% del mundo tiene acceso al Internet) y que otr@s simplemente no saben cómo ni dónde encontrarla. 

Esta situación del privilegio nos lleva a un tema que apenas se toca en TBL: el status socioeconómico y cómo éste afecta los hábitos alimentarios de la gente. Se ha demostrado que existe una conexión entre la pobreza y el consumo de alimentos poco saludables. Dice Drewnowski (2009):

Low-cost foods and low-cost diets tend to be energy dense and nutrient poor. On one hand they are associated with overeating; on the other hand they are preferentially selected by the low-income consumer... The standard dietary advice is to replace fats and sweets with more fruit, vegetables, whole grains, poultry, and fish. However, these more healthful foods are also more expensive and beyond the reach of many. Some low-income families limit their food budget to $100 for four people per week, or less than $4 per person per day. The only foods that can be obtained for this amount of money are high in refined grains, added sugars, and added fats, and the healthful, recommended foods are separated by an immense gap in energy costs.

Es decir, para algunas personas, la situación de cambiar sus hábitos alimentarios no es tan fácil como escoger comidas más saludables. No tiene que ver con una decisión personal, sino con un impedimento estructural que no se puede resolver con libros de auto-ayuda y positivismo. Sender y Sullivan (2008) comentan: 

By focusing on being obese as a problem of the inner self, where diet and weight loss are matters of discipline and choice, these reality shows efface the broader context for weight gain, including the link between obesity and poverty (p. 582)

Para concluir, me parece importante dejar claro que no descarto completamente el papel que juega la agencia individual en los problemas que nos aquejan. Efectivamente, cada ser humano debe tomar control de sus acciones y aceptar la responsabilidad que viene con las consecuencias. Con este artículo no quiero sugerir que los seres humanos somos simples víctimas de nuestras circunstancias sin ningún poder para cambiarlas. Lo que quiero decir es que la presencia mediática de programas como The Biggest Loser  refuerza la idea equivocada de que salir de esas circunstancias (en este caso la gordura, pero esto también se puede trasladar a la pobreza o a la enfermedad) es cuestión simplemente de “echarle ganas”. 

Las condiciones en la vida real varían drásticamente de la artificialidad de los reality shows. Quizá si tod@s tuviéramos la oportunidad de irnos 3 meses a un rancho sin familia, sin trabajo, sin preocupaciones, con personal trainers y comida saludable, podríamos erradicar la obesidad. De lo contrario, ignorar los contextos y las historias personales[2] es irresponsable, peligroso y le echa un peso extra encima a personas que no lo necesitan.

Notas:

[1] Reconozco que la representación de la obesidad como algo intrínsecamente negativo es problemática y merece una reflexión para la que no tengo espacio en este artículo.

[2] En el programa se presentan pedazos de las historias personales de l@s participantes (principalmente como un elemento que le añade drama a la narrativa), pero éstas no cambian el discurso neoliberal del show. 

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