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POLÍTICA Y SOCIEDAD

La industria de cine puertorriqueño: pasado, presente y ¿futuro?
RAMÓN ALMODÓVAR RONDA
+ SOBRE EL/LA AUTOR/A

El año pasado comenzamos la celebración de los 100 años del cine puertorriqueño y este año continuaremos haciéndolo, ya que en 1911 Rafael Colorado D’Assoy inició la exhibición de películas documentales en San Juan, y al año siguiente exhibió sus primeras películas de ficción. Ese mismo año de 1912, en Ponce, un joven entusiasta del cine, Juan Viguié Cajas, comenzó a filmar escenas cotidianas. Ese fue el comienzo de lo que llamamos cine puertorriqueño.

Durante casi toda la primera mitad del siglo XX la producción cinematográfica en Puerto Rico fue poca y esporádica. No fue hasta la creación de la División de Educación de la Comunidad (1949) que el cine en Puerto Rico comienza a tener una producción constante. Las películas que se produjeron en la División nos “pusieron en el mapa” y de aquí salió un grupo de técnicos y profesionales que sirvieron de base para la producción de cine comercial en las siguientes décadas. Estas producciones privadas eran financiadas y producidas con muy poca o ninguna ayuda del Gobierno.

La producción de cine a finales del siglo XX

Todas las industrias de cine exitosas en el mundo se han logrado gracias al trabajo en conjunto del gobierno y el sector privado. En Puerto Rico este proceso comienza en 1977 con la creación del Instituto Puertorriqueño de las Artes, Ciencias e Industrias Cinematográficas, adscrito entonces a Fomento Económico. Por años esta entidad tuvo muy poca participación en el desarrollo del cine en Puerto Rico. Sus funciones las dirigían principalmente a las producciones extranjeras interesadas en filmar en nuestra isla. Durante las décadas del 80 y 90 del siglo pasado, el cine puertorriqueño se financió principalmente con capital privado y con poca ayuda gubernamental.

En la década del noventa se aprobaron unas leyes atractivas para el inversionista en proyectos cinematográficos que surgieran de los “fondos de capital de alto riesgo”. Los créditos contributivos que prometían y las posibles ganancias, hicieron de estos fondos privados un mecanismo que permitió la producción de varias películas (5 ó 6), una sola de ellas puertorriqueña. Sin embargo, ninguna recuperó la inversión y nunca hubo ganancias.

El problema principal de estos fondos fue que tenían en puestos decisivos a personas que tenían muy poca o ninguna experiencia en la producción de cine en Puerto Rico. Otra falta principal fue que, en la mayoría de los casos, utilizaron una fórmula para producir películas que poco tenían que ver con Puerto Rico. Varias de ellas ni se exhibieron comercialmente en la Isla. Los responsables de estos fondos se asesoraron y asociaron con un grupo de Los Ángeles que salió bien económicamente, porque eran los primeros en recuperar, mientras los de aquí eran los últimos.           

Ley 362, más créditos contributivos

La primera ley que se aprueba para financiar cine en Puerto Rico fue la “Ley para el Desarrollo de la Industria Fílmica”, mejor conocida como la ley 362 del 24 de diciembre de 1999. Desde sus inicios esta ley fue controversial. En primer lugar hay que recordar quién fue su impulsor original, el ex-vicepresidente del Senado de Puerto Rico Aníbal Marrero; quien tuvo que renunciar a su escaño legislativo por actos sospechosos de corrupción. Los más beneficiados en aquel momento fueron los productores de una serie para televisión titulada “The Dream Team”. Después de filmar varios capítulos y de haberse aprovechado de los beneficios contributivos que les brindó el Gobierno, abandonaron el país dejando muchas deudas. Esta ley realmente no vino a funcionar, y a medias, hasta mediados de la primera década de este siglo.

En la actualidad esta ley funciona parcialmente a favor del desarrollo de una industria de cine en Puerto Rico. No se puede negar que las producciones que vienen de afuera aportan a nuestra economía; sin embargo, la aportación que hacen al desarrollo de nuestra industria es limitada. Estas producciones traen una parte considerable de su personal y limitan la participación de nuestro talento: técnicos, productores, actores, etc. En ocasiones los profesionales boricuas son contratados para funciones por debajo de sus capacidades, lo cual implica una paga menor; pero terminan haciendo el trabajo de los que traen de afuera, ya que muchas veces esas personas que vienen del extranjero desconocen cómo es que se trabaja en Puerto Rico y tienen menos experiencia y talento que los del patio.

Ley 121, Fondo Cinematográfico

Con la aprobación de la ley 121 del 17 de agosto de 2001 se crea la Corporación para el Desarrollo de la Artes, Ciencias e Industria Cinematográfica de Puerto Rico. Con esta ley se crea también el Fondo Cinematográfico y por primera vez en la historia, el cine puertorriqueño tiene un organismo de financiamiento gubernamental.

Este fondo surgió de una iniciativa de la Asociación de Productores Cinematográficos y Audiovisuales de Puerto Rico (APCA). Fue concebido como una herramienta para facilitar el financiamiento de películas puertorriqueñas. Poco a poco ha ido funcionando, y aunque con dificultades y contratiempos, se ha llegado a producir de tres a cuatro largometrajes puertorriqueños al año; adelanto significativo si consideramos que anterior al Fondo Cinematográfico se producía un largometraje cada tres o cuatro años.

Desde un principio se señaló la importancia y dificultad de la recuperación económica del Fondo. A este asunto vital nunca se le ha encontrado una solución práctica y viable.

Ley Fomento al Trabajo del Depto. del Trabajo

Otra ayuda que recibió el cine puertorriqueño en la pasada década fue el apoyo del Departamento del Trabajo y Recursos Humanos a través de la Ley de Fomento al Trabajo. Estos fondos se utilizaron en varias producciones puertorriqueñas para cubrir los salarios de los técnicos y profesionales residentes en Puerto Rico. Estos fondos ya no están disponibles a la mayoría de los productores boricuas. El partidismo político los controla. 

Los cambios a las leyes de cine no favorecieron al cine boricua

Las leyes de cine mencionadas han sido enmendadas y cambiadas a través de los años. Desafortunadamente estos cambios poco ayudaron al desarrollo de una industria de cine en Puerto Rico. En múltiples ocasiones se enmendó el reglamento del Fondo Cinematográfico sin tomar en consideración las recomendaciones de los productores y profesionales del cine. En ocasiones las enmiendas respondían a un interés particular del Director Ejecutivo de la Corporación de Cine, no en el consenso que se había logrado en la industria.

El cambio más reciente a las leyes de cine se dio el año pasado al crear una ley que viene a sustituir la Ley 362. La nueva ley de cine, la “Ley de Incentivos Económicos para la Industria Fílmica de Puerto Rico” del 4 de marzo de 2011, beneficia más a las producciones extranjeras que a las puertorriqueñas. Esta nueva ley está orientada a traer producciones del exterior a filmar en Puerto Rico y poco hace por las producciones locales. No hay duda que las producciones extranjeras son beneficiosas para nuestra incipiente industria cinematográfica, ya que mantienen un taller de trabajo para nuestros técnicos, actores y profesionales del cine, a la vez que aportan sustancialmente a nuestra maltrecha economía. Sin embargo, la ayuda que brindan estas producciones a la creación de una industria de cine sólida en nuestra Isla es parcial. Falta por ver cómo se van a beneficiar de esta nueva ley las producciones del patio, proyectos a los que en la actualidad se les hace imposible competir con las producciones multimillonarias que esperan traer.

Esta nueva ley revive un tema que se viene discutiendo por los pasados quince años, la necesidad de construir un estudio de cine, un “soundstage”, que atraiga la inversión extranjera y ayude al desarrollo de la industria de cine en Puerto Rico. Desde 1997 la Corporación de Cine de Puerto Rico ha presentado proyectos de estudios de cine, combinados con complejos hoteleros y parques de diversiones, que pretendían competir con Hollywood y Disney World.

Algo que sí queda claro en esta nueva ley de cine es la aprobación, en el futuro inmediato, de proyectos de infraestructura cuyos costos son multimillonarios, proyectos con muy pocas posibilidades de éxito. A quien le otorguen ese proyecto tendrá garantizado unas ganancias económicas considerables por desarrollarlo y construirlo; el mantenimiento del mismo y su recuperación económica es otra cosa. Los beneficiarios de esta nueva ley de cine ya tienen nombre y apellido. La misma persona a quien le acreditan la redacción de la ley tiene un proyecto para construir un estudio de cine.

Las grandes compañías productoras están presionando en distintos países y regiones para que construyan Estudios o “Soundstages” como condición para llevar allí sus megaproducciones. Ésta es una realidad a la cual nos tenemos que enfrentar. Si queremos ser competitivos en atraer grandes producciones fílmicas y televisivas, tenemos que construir un Estudio de calidad. Pero la realidad también nos señala que para poder cubrir la inversión, el Estudio tiene que estar en uso el 75% del tiempo. Ese uso consecuente y constante se puede conseguir si desarrollamos una industria propia, de cine y televisión, que tenga la necesidad de utilizar  esas facilidades. No podemos depender exclusivamente de las producciones extranjeras.

Además, pasó lo que se venía pronosticando por los pasados seis años, otros países nos tomaron la delantera en la construcción de estudios de cine. En la República Dominicana, en Juan Dorio, el grupo Indomina está construyendo unas facilidades de filmación con el asesoramiento y diseño de Pinewood Studios de Inglaterra. Estas incluyen seis estudios grandes y un estanque  para filmaciones acuáticas y submarinas. El total de la inversión es de 70 millones de dólares y esperan inaugurar la primera etapa en agosto de este año. 

Falta de apoyo de la Legislatura, Depto. de Justicia y Oficina de Ética Gubernamental para investigar irregularidades

Durante la pasada administración hubo una combinación muy negativa entre el poder que ejerció el director ejecutivo y la falta de supervisión de los responsables de esta tarea, la Junta de Directores de la Corporación de Cine. Como consecuencia de esto hubo muchas irregularidades. La evidencia de estas acciones es abundante, pero lo más que preocupa es la falta de interés del Gobierno para investigar las numerosas irregularidades que se llevaron a cabo.

A pesar de haber varios informes negativos del contralor, un referido al Departamento de Justicia, otro a la Oficina de Ética Gubernamental, peticiones de investigación al Senado y a la Cámara y varias demandas de productores boricuas contra esas ejecutorias pasadas, la actual administración central se niega a investigar las irregularidades cometidas en la Corporación de Cine durante el pasado cuatrienio.  

En el centenario de nuestro cine se sigue produciendo contra viento y marea

A pesar de todos los obstáculos y problemas, los cineastas en Puerto Rico siguen produciendo. Por un lado, se continúa utilizando el Fondo Cinematográfico para producciones locales, aunque las críticas no cesan sobre el funcionamiento y manejo del Fondo.

En la actualidad, la producción de cine puertorriqueño continúa principalmente por medio del cine digital. La variedad de opciones que este formato permite ha facilitado la producción audiovisual a sectores que normalmente no tenían los recursos para producir. El resultado de este proceso ha sido beneficioso para la industria. La producción digital ha permitido que realizadores del patio, sin la ayuda del Gobierno, produzcan películas que llegan a nuestras pantallas comerciales con éxito. Durante el pasado año, en verano y Navidades, dos de estas producciones estuvieron entre las más taquilleras, compitiendo con las películas de Hollywood.

Los programas de comunicaciones de las distintas universidades y centros de capacitación profesional es otro factor que ha propiciado la producción audiovisual en Puerto Rico. De aquí están saliendo grupos de jóvenes entusiastas que  constantemente trabajan en proyectos de cine.  

El cine digital ha permitido que jóvenes cineastas de Puerto Rico trabajen con éxito distintos géneros, destacándose en los pasados años la producción de cortometrajes. Con más frecuencia observamos como las producciones audiovisuales encuentran un terreno fértil en comunidades y grupos de trabajo que utilizan el medio para expresar sus opiniones y manifestar lo que piensan. En fin, la producción constante de productos audiovisuales en formato digital presenta un futuro alentador para el desarrollo del cine puertorriqueño.

Nos falta camino por recorrer para crear una industria de cine en Puerto Rico

Ningún gobierno de Puerto Rico ha presentado un plan de trabajo serio sobre el desarrollo de la industria de cine en nuestra isla y mucho menos ha sabido implementar las buenas ideas que les presentan los profesionales del sector. Al día de hoy no tenemos una política pública sobre este tema, mucho menos un plan de desarrollo. Cada cuatro años cambia la administración y se vuelve a empezar prácticamente de cero.

La industria de cine en Puerto Rico tiene unas características particulares que responden exclusivamente a esa industria en nuestro país. No se deben utilizar criterios de otras industrias para evaluar los resultados y los mecanismos de funcionamiento de la industria de cine puertorriqueño.

Por alguna razón inexplicable, los que han tenido el poder para decidir la financiación del cine en Puerto Rico, desde altos ejecutivos de la banca y el sector financiero privado, a los distintos gobernadores de Puerto Rico, han colocado en puestos de dirección a personas que no sabían de cine. En la mayoría de los casos, los nombramientos a la dirección ejecutiva de la Corporación de Cine, desde su creación  hasta el presente, han sido premios políticos.

Esta situación llega al colmo de violar la propia ley que crea el gobierno, ya que ésta señala claramente que “deberán ser personas de comprobado interés, conocimiento y experiencia en las áreas de artes, ciencias, e industria cinematográfica (actores, guionistas, productores, etc.).” (Ley 121, Art. 3.01)

Nuestro problema principal en el presente es la distribución y venta de las películas puertorriqueñas producidas recientemente. Si no hay recuperación, no tendremos continuidad, factor indispensable para poder hablar sobre el desarrollo de la industria de cine en Puerto Rico. La Corporación de Cine de Puerto Rico tiene que ser más activa en su participación como coproductora de las películas que financia a través del Fondo Cinematográfico. Tiene que defender mucho mejor su inversión a través de la recuperación. Se tiene que envolver mucho más en la distribución de sus productos ya que en muchos de los casos es el principal inversionista.

No se puede seguir tratando de imitar a Hollywood, hay que adaptarse a las particularidades específicas de Puerto Rico y de ahí crear los mecanismos que se consideren apropiados para llenar las necesidades nuestras. Nuestra realidad es una, y hay que partir de ella para crear nuestra industria de cine. Para esto el Gobierno tiene que trabajar en unión a los profesionales y trabajadores del cine en Puerto Rico.

Lista de imágenes:

1. Afiche de celebración del centenario de cine puertorriqueño, 100 del cine boricua, 2011.
2. "Una ciudad echa de cines: Cinema tropical". ¡Ea!, El Nuevo Día, 29 de enero de 2012.
3. Machbel, Puerto Rico una isla de cine, 2012.
4. Carteles producidos por DIVEDCO para promocionar sus películas educativas.
5. Maldeamores, poster promocinal, 2007.
6. Estudio fotográfico/de cine en Puerto Rico.
7. Il Viaggio, poster promocional, 2011.
8. Rodaje del cortometraje 143.
9. Andrés Ramírez, rodaje del filme Elite

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