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POLÍTICA Y SOCIEDAD

Migración, globalización e integración económica regional (parte 2)
MARTÍN CRUZ SANTOS
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En el artículo anterior afirmamos la relación entre la migración y la globalización, mas ahora procede ampliarla e introducir el elemento de integración económica regional para ir avanzando hacia el entendimiento de la migración laboral en una geografía particular, el Caribe insular.

La participación de personas, comunidades y países en la migración internacional cobra hoy relevancia en las diversas regiones geográficas y sus planes de integración económica.[1] Los migrantes laborales constituyen un renglón fundamental para el desarrollo económico de la economía global, constituída por economías particulares entrelazadas por procesos comerciales y financieros complejos. Ciertamente, la relación entre ambos conceptos se constituyó durante el siglo XX en una parte significativa del proceso de modernización de las sociedades occidentales en el  desarrollo del capitalismo moderno.[2]

La integración económica regional es una de las tendencias de la globalización. Mientras en el nivel mundial la actividad económica es impulsada por las interrelaciones comerciales y financieras entre empresas, gobiernos y organismos que confluyen en el imaginario global, en el contexto regional proliferan los acuerdos de integración entre países vecinos. Existe debate sobre las dos tendencias.

Básicamente, los cuestionamientos están enfocados en si éstas son contradictorias o van en una misma dirección por rutas paralelas, aunque interactuando de forma complementaria para la consecución de un objetivo común.[3] Los impulsos hacia el regionalismo económico tomaron auge en la década de 1990 con la multiplicación de acuerdos para proyectos de integración económica en diversas partes del mundo. La presencia cada vez mayor de la globalización es el detonante del quehacer integrador, objetivo estratégico para el desarrollo y la sobrevivencia en la economía mundial.

Caminar rumbo a una economía global es una constante en las agendas económicas de los gobiernos locales, los organismos internacionales y las empresas transnacionales. Los participantes en diferentes proyectos de integración regional están obligados a abordar viejos temas vistos a la luz de las nuevas circunstancias mundiales que afectan no sólo a las economías nacionales, sino también la complejidad de las regiones geográficas y estratégicas en el marco de la interdependencia. Uno de esos temas es la migración en la era de la globalización y sus efectos en el desarrollo económico.

Una interrogante desafía al nuevo orden, aunque la pregunta es antigua se ajusta al presente: ¿cuáles son las consecuencias de las migraciones en los países de origen y los receptores en el marco de la integración regional en vías de una mayor inserción en la economía global? La respuesta no está dada.

Contradictoriamente, las restricciones a la movilidad humana, tan presentes desde antaño, continúan ahora, aún cuando es facilitada la circulación de capitales, mercancías y medios de producción en general.[4] Cabe citar la curiosa aseveración de Néstor García Canclini: “Es más sencillo hacer inversiones en un país extranjero que volverse ciudadano”.[5] Liberalizar el comercio y el flujo financiero global e integrar bloques regionales que fortalezcan las economías nacionales debe conllevar la liberalización adecuada de la movilidad laboral e integración de los migrantes a esos procesos.

Las regulaciones migratorias internacionales, tal y como existen hoy en diversos países, lejos de frenar la migración ilegal la fomentan, pues faltan mecanismos que garanticen la circulación de migrantes laborales, principalmente en aquellos países que se han convertido en exportadores de trabajadores o importadores de ellos. 

Los procesos migratorios son inseparables de la globalización y de la integración económica regional. Cuando los estados emisores y los receptores restringen la movilidad migratoria en defensa de su soberanía o en búsqueda de proteger intereses económicos, utilizando razones que pueden ser muy válidas en unos casos o proteccionistas y etnocéntricas en otros, surgen las contradicciones y los conflictos con los objetivos globalizadores, cuyas particularidades merecen ser estudiadas. Sin integración de la migración laboral no hay desarrollo económico posible para las economías regionales desventajadas en relación con los países desarrollados. Ese es el caso de América Latina y el Caribe donde la agenda integradora regional a la economía global ha estado acompañada, además del comercio y la inversión, del fenómeno de la migración, ya que:

“la región está pasando de ser una economía exportadora de productos agrícolas a una economía exportadora de mano de obra. Los envíos de remesas las familias y los vínculos transnacionales ofrecen una amplia gama de posibilidades de desarrollo y de incentivos para estos países”.[6]

La globalización tiene un rostro humano con rasgos de migrantes de todo tipo. Enfocaremos la mirada en la peculiaridad de la migración laboral internacional en el Caribe insular o antillano. 

El Caribe insular: contexto geográfico y el tema migratorio

Definir el Caribe ha sido, al menos despúes de los años 50’ del siglo XX, un objetivo teórico multidisciplinario. Algunos de esos esfuerzos fueron reseñados por Humberto García Muñiz y Jorge Rodríguez Berruf en su libro Fronteras en conflicto.[7] Los autores resaltan el trabajo del antropólogo estadounidense John Gillin, quien en la década de 1950 “dividió el Caribe en dos tipos culturales: ‘el latinoamericano’, compuesto por las sociedades cubana, dominicana y puertorriqueña, y ‘el caribeño-africano’, que comprende a Haití y los territorios británicos y franceses del circun-Caribe”.[8] 

La definición de Gillin toma en consideración los elementos culturales en común para los pueblos caribeños. El primer grupo, en particular, comparte aspectos amplios de la cultura, especialmente, lingüísticos y religiosos heredados de las etnias foráneas llegadas con las conquistas europeas y aderezadas con el sincretismo religioso subyacente a la fusión de razas. Hay cierta homogeneidad en lo heterogéneo de dichas culturas. No necesariamente ocurre algo similar entre los grupos del Caribe africano francés, holandés o inglés.

En realidad, la definición del espacio geográfico y cultural caribeño es conflictiva porque no admite una delimitación unidimensional. Es tan válido el acercamiento geográfico como el geopolítico, el étnico como el histórico o el lingüístico. Desde el plano geográfico, la región de la cuenca caribeña incluye las ínsulas antillanas, antiguamente llamadas West Indies, las Guayanas, Belice y buena parte de Centro América y México, asimismo a sectores sudamericanos y puede llegar, por el lado norte, hasta las islas Bahamas y las Bermudas. La delimitación resulta extensa por demás, amplitud que le es dada por el mar que baña sus costas, el Mar Caribe.

Dado que la denominación Caribe es objeto de debates culturales que versan sobre la identidad de los pueblos que habitan la región, su realidad está históricamente conformada más que geográficamente determinada. Circunscribiremos el objetivo a la zona caribeña insular y antillana con toda su complejidad política, económica y cultural. En el próximo artículo nos dedicaremos a la migración, el desarrollo económico y los efectos de las remesas en los destinatarios caribeños.

Notas:

[1] Esta afirmación es punto de partida en el interesante estudio de Jorge Martínez Pizarro, El mapa migratorio de América Latina y el Caribe, las mujeres y el género (Proyecto Regional de Población CELADE, UNFPA) (consultado 31 de agosto de 2011).

[2] Véase al respecto las implicaciones del proceso para la migración laboral en América Latina y el Caribe en: Organización de las Naciones Unidas, Comisión Económica para América Latina, Migración internacional, derechos humanos y desarrollo en América Latina y el Caribe: síntesis y conclusiones (Trigésimo Primer Período de Sesiones, Montevideo, Uruguay, 20 al 24 de marzo de 2006), (consultado 15 de septiembre de 2011).

[3] Ibid.

[4] Maribel Aponte García y Carlos Antonio Álvarez Swihart, "Integración y globalización: un discurso problemático para América Latina y el Caribe", en Gerardo Gonzalo Núñez y Emilio Pantojas (eds.), El Caribe en la era de la globalización (Río Piedras: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 2004), 126.

[5] Néstor García Canclini en ibid., 81.

[6] Manuel Orozco, Impacto de la emigración en la región del Caribe y de América Central, Fundación Canadiense para las Américas (consultado: 25 de noviembre de 2011).

[7] Humberto García Muñiz y Jorge Rodríguez Beruff (coordinadores), Fronteras en conflicto: guerra contra las drogas, militarización y democracia en el Caribe, Puerto Rico y Vieques (San Juan: Red Caribeña de Geopolítica, 1999).

[8] Ibid. 18.

Lista de imágenes:

1. Adál Maldonado, "Map of El Spirit Republic de Puerto Rico".
2. Regionalización económica en el Caribe.
3. Muro en la frontera entre Estados Unidos y México.
4. Inmigrante haitiano.
5. Mapa antiguo del Caribe.

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