Lactar o no lactar: en busca de respuestas

I

En estos días, la publicación en inglés del libro The Conflict: How Modern Motherhood Undermines the Status of Women de la francesa Elisabeth Badinter ha causado un gran revuelo en los Estados Unidos. El revuelo ha sido tal que mujeres de todo tipo se han insertado en el debate que, por fin, pone sobre el tapete mainstream las nuevas complejidades que nosotras enfrentamos actualmente en cuanto a las maneras de vivir la posibilidad y la realidad de la maternidad. Y más importante aún, el debate está sacudiendo al movimiento feminista con mujeres jóvenes preguntándose si el feminismo en realidad les brinda las herramientas para emanciparlas o si, por el contrario, les supone una carga demasiado pesada que no están dispuestas a asumir.

¿De qué habla Badinter que despierta tantas pasiones? La filósofa reta todo un conglomerado de elementos que, en tiempos relativamente recientes, han cimentado ciertas coordenadas ideológicas cuyo énfasis en el naturalismo ha supuesto nuevos retos para las mujeres, especialmente las de Occidente, a la hora de asumir su maternidad. La teoría del apego y las campañas a favor de la lactancia (en especial, las de La Liga de la Leche que datan de finales de los ‘50) y los partos sin epidural, son fuertemente criticados por Badinter como nuevas maneras de esclavizar a las mujeres. Supongo que no tengo que decir más para explicar el por qué del revuelo.

Aquí en Puerto Rico sabemos que las maneras en que las mujeres nos estamos planteando la maternidad distan bastante de la de nuestras madres y abuelas. Mis padres nunca consideraron seriamente la idea de que mi madre me amamantara porque mi pediatra les convenció de que la “fórmula era perfecta”. Aún hoy, papá y mamá hablan con orgullo de cómo fui una bebé sana, que apenas visitó el hospital en sus primeros años de vida. Mi madre también recuerda el cansancio de mi abuela, quien “no tuvo otro remedio” que no fuera amamantar a sus cuatro hijas y seis hijos. Menos de treinta años más tarde, nuestros gobiernos, gran parte de la comunidad médica y de las organizaciones no gubernamentales mercadean la leche materna casi como un sello infalible de calidad. Una no puede evitar preguntarse qué se les dirá a nuestras hijas de aquí a otros treinta años.

II

En mi opinión, las campañas a favor de la lactancia en Puerto Rico tomaron su más fuerte impulso el 9 de junio de 2003. Ese día, la joven madre Yanira Rosado se disponía a lactar a su hijo de 10 meses en una tienda de Plaza Las Américas cuando un empleado le pidió que se fuera del lugar y utilizara una estación de lactancia ubicada en el baño del centro comercial. Luego de que Yanira denunciara el suceso, la noticia motivó la organización de una manifestación de protesta frente a la tienda, en la que se reclamó, entre otras cosas, que toda madre tiene el derecho a lactar a su bebé donde quiera. Lo que más me impactó no fue la manifestación per se sino que en un mismo lugar, quizás por primera vez, grupos tradicionalmente opuestos se unieron para un mismo fin. ¿Por qué el asunto de la lactancia unía a Pro Vida y a grupos feministas? Como todo en la vida, no existe una sola respuesta. Tal vez ustedes tengan algunas.

A continuación compartiré con ustedes algunas reflexiones personales sobre los contenidos de algunas campañas a favor de la lactancia que hemos visto en Puerto Rico y que, a mi entender, explican el porqué de las preocupaciones que Badinter expresa en su libro.

III

“Los bebés nacen para ser amamantados”

 

Uno de los elementos centrales en las campañas pro lactancia es el enfoque casi exclusivo que se da sobre las necesidades del niño o niña. Una de tales campañas fue la desarrollada por parte del gobierno de los Estados Unidos durante la presidencia de George W. Bush. El Departamento de Salud y Servicios Humanos en unión con el Ad Council ideó la campaña publicitaria alrededor del lema “Babies were born to be breastfed” (Los bebés nacen para ser amamantados).

Llaman la atención dos pautas comerciales que, durante el año 2004, fueron ampliamente divulgadas tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico (traducidas al español). En ellas, mujeres en evidente estado avanzado de embarazo aparecen realizando actividades que podría argüirse ponen en riesgo que sus respectivos embarazos lleguen a término. Luego, aparecen las siguientes frases escritas: Tú no tomarías riesgos antes del nacimiento de tu bebé. ¿Por qué comenzar después? Amamanta exclusivamente por 6 meses. Los bebés nacieron para ser amamantados. Al final de los anuncios, la voz de una mujer explica que estudios recientes demuestran que los bebés amamantados tienen menos riesgos de desarrollar infecciones del oído, enfermedades y diarrea.

Reiteradamente, las campañas pro lactancia fundamentan sus reclamos con referencias a estudios científicos que han arrojado resultados sobre los beneficios que la leche materna representa para los recién nacidos. Entre tales beneficios, las campañas aluden a una menor tasa de mortandad, menor riesgo de desarrollar enfermedades respiratorias y hasta un mayor desarrollo del coeficiente intelectual.

En su trabajo “The Politics of Breastfeeding: Assessing Risk, Dividing Labor” (2000),  Jules Law se pregunta cómo es que la lactancia ha venido a significar la expresión de control de las mujeres madres sobre sus vidas, más importante aún que las decisiones de éstas en torno a su educación y el empleo. Plantea Law que la mayoría de los autores y las autoras detrás de la literatura a favor de la lactancia parten de la construcción de que el cuidado de los niños y niñas estará a cargo de sus madres. Por ello, el autor arguye que la mayoría de dicha literatura sostiene argumentos sobre las realidades de las mujeres que (en cuanto a su trabajo fuera del hogar, sus decisiones dentro del campo doméstico, el rol social del expertise médico, etc.), aunque controvertibles por demás, han pasado por un proceso de naturalización que a duras penas se cuestiona. Law propone que la cuestión de la lactancia debe ser vista desde la perspectiva de la evaluación del riesgo, es decir, mediante un análisis de los riesgos que conlleva para la vida de la mujer madre, los distintos métodos de alimentación de sus hijas e hijos. Sólo luego de tal evaluación es que puede sostenerse que una mujer madre decidió libremente alimentar a su hijo o hija con leche materna.

En cuanto a las referencias científicas, Law encontró que muchas de ellas han sido utilizadas fuera de contexto. Tomemos, por ejemplo, las constantes alusiones a que “los niños/as menores de dos años que no reciben leche materna, tienen seis veces más probabilidades de morir”. Esta frase, la cual aparece en el cartel informativo publicado por la World Alliance for Breastfeeding Action en el 2009,[1] tiene una nota al calce que aclara que los datos fueron obtenidos a través de un estudio sobre la lactancia materna en la mortalidad de lactantes y niños/as debido a enfermedades infecciosas en países en vías de desarrollo.[2]

“[P]orque lactar es amar”

Otro de los elementos recurrentes en las campañas pro lactancia es la construcción de la díada entre el bebé y su madre. Discutiendo la sexualidad de la madre lactante durante el periodo de lactancia, una doctora y un doctor puertorriqueños [Ana M. Parrilla Rodríguez y José J. Gorrín Peralta], reconocidos ambos por sus trabajos sobre la lactancia materna, expresaron mediante una publicación en conjunto:

El cuido de un recién nacido es un trabajo arduo, de horas que parecen ser interminables, y de noches con poco sueño. La mera acumulación de tiempo y energía física invertidos puede producir nerviosidad y fatiga, dos sentimientos que pueden interferir con la expresión de la libido. Pero, además, las sensaciones intensas de amor, y la sensación de unidad integral por parte de ambos miembros de la diada madre/bebé (cada uno se siente parte del otro), puede consumir la totalidad de la energía emocional de una madre. La propia naturaleza de la relación madre/bebé tiende ser excluyente de otras personas. El bebé estuvo nueve meses en el útero de su madre oyendo los latidos de tu corazón, tu respiración y tu voz. La lactancia es una relación muy intensa y placentera. El vínculo que se desarrolla entre la mamá y su bebé es el más fuerte que existe entre los humanos. La naturaleza lo hace así para que en los primeros meses de vida la madre procure solo [sic] el bienestar de su bebé.

El fragmento citado invita a ser cuestionado desde varias perspectivas. En primer lugar, la supuesta diada madre/bebé lo que pretende significar es que los intereses de la madre invariablemente se verán satisfechos en la medida en que los intereses del bebé también lo sean, cual si ambos formaran una sola unidad biológica a pesar del alumbramiento. Esto, por supuesto, se derrota con la realidad de muchas mujeres madres que han intentado lactar a sus bebés y no lo han logrado por razones de diversa índole, tanto fisiológicas, como económicas y laborales. No siempre lo mejor para el bebé es lo mejor para la madre, y viceversa. Le corresponde, pues, a los responsables del cuido del bebé (tanto madre como padre, principalmente) decidir, a conciencia, cuál es la mejor manera de balancear los intereses de todas las partes envueltas.

Amerita, además, resaltarse del fragmento citado la referencia a un supuesto vínculo “natural” entre la madre y el bebé, que excluye a las demás personas y, muy particularmente, al padre. Ese vínculo se da, según los doctores, para asegurar que la madre sólo procure el bienestar de su bebé. Sabido es que algunos de los feminismos han centrado sus esfuerzos en derrotar la llamada doble jornada, que castiga, especialmente, a las madres trabajadoras precisamente porque se sienten atadas a las responsabilidades domésticas, incluyendo la crianza de los/as hijos/as. Referencias a supuestos vínculos herméticos entre madre y bebé sólo consiguen fomentar esa doble jornada y, lo que es peor, validar que el padre vea la alimentación de sus hijos e hijas como responsabilidad exclusiva de la madre.

IV

Lo de arriba son sólo dos ejemplos de textos e imágenes que requieren nuestra atención. Las mujeres merecemos tener abiertas todas las puertas que nos permitan tomar las mejores decisiones para nuestras vidas. Me parece innegable que ciertas campañas a favor de la lactancia han abierto y legitimado un espacio importante de acción para las mujeres madres que optan por el amamantamiento para alimentar a sus bebés. Gracias a ellas, una nueva generación de mujeres se está planteando temas como el control sobre nuestros cuerpos, el repudio a que se nos hiper-sexualice y el rol del mercadeo de grandes corporaciones sobre nuestras decisiones. No obstante, para lograr sus propósitos, algunas de dichas campañas han recurrido a la representación de construcciones fundamentadas en una ideología neotradicionalista que valida la identidad de una mujer definida primordialmente por su rol de madre. ¿Tienen los feminismos algo que decir al respecto?

Me parece que hay que aprovechar el momento e intentar obtener respuestas. Hablemos.

Notas:

[1] Cabe decir que esta frase y/o variantes de la misma es reiterada una y otra vez en un sinnúmero de literatura pro lactancia tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos.

[2] En el año 1973 organizaciones internacionales denunciaron las prácticas deplorables de la compañía Nestlé por intensamente mercadear el uso de la fórmula en países que claramente no contaban con la infraestructura sanitaria ni económica para que las personas pudieran prepararla debidamente, lo que ocasionó la muerte de miles de infantes. Desde entonces, distintas entidades boicotean a Nestlé y monitorean sus actos de mercadeo y venta en los llamados países en vías de desarrollo.

LIsta de imágenes:

1. Araakii, "Urusei Yatsura #1", 2012.
2. Stephen Cairns, "An Element of Surprise", 2011.
3. Naganu Toyokazu, "Photogenic laundry girl", 2012.
4. mgsn, "kure, hiroshima", 2012.
5. Imagen de campañas de protesta pro lactancia.
6. Campaña de medios del Departamento de Salud y Servicios Humanos y el Ad Council, 2004.
7. Campaña de medios del Departamento de Salud y Servicios Humanos y el Ad Council, 2004. 
8. garageismi, ".", 2012.

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